El poder contra el arte y la cultura
Santa Cruz es una de las ciudades más pujantes de Bolivia. Como tal, ha asumido un rol protagónico en diversos campos de la educación, la tecnología, la industria y otros, que continúan su paso imparable a la par del crecimiento poblacional y urbano. Destaca por encima de todos ellos, los saltos cualitativos que Santa Cruz ha dado en el campo de la cultura y las artes, colocándose a la vanguardia de las propuestas artísticas, de emprendimientos urbanos, suburbanos, municipales, que son ejemplo de lo que debe ser la gestión cultural en el país. Están, por ejemplo, El Festival Internacional de Música Barroca de Chiquitos, el Fenavid, el Festival Internacional de Teatro, la Escuela Nacional de Teatro y muchos otros.
Hace algunos años se realizó una interesante restauración y rediseño de la plaza 24 de Septiembre, que peatonalizó una de sus calles haciendo un todo integrado entre los edificios patrimoniales y lo que (creo) era el patio trasero de la antigua Prefectura, convirtiendo el corazón de la ciudad en un lugar pensado para seres humanos y no para automóviles. Se sumó a ello un convenio público-privado que permitió la habilitación de parte del edificio de la exprefectura como espacio cultural denominado Manzana 1. Iniciativa que, bajo el liderazgo de artistas altamente reconocidos como son Ejti Stih, Juan Bustillos y Valia Carvalho, contribuyó a que el renovado lugar se convierta en un espacio de vanguardia del arte y la cultura de Bolivia.
La Manzana 1 ha realizado innumerables exposiciones artísticas de calidad y organiza otro de los eventos de enorme prestigio para Santa Cruz y Bolivia como es el Encuentro Internacional de Escultores. Pero el poder necesita oficinas y acaban de borrar con el codo lo que escribieron con la mano: la Brigada Parlamentaria ha comunicado a Manzana 1 que el convenio su suprime y deben irse a otro lugar. La Brigada quiere transformar un espacio de referencia de la identidad del pueblo cruceño en oficinas donde en vez de obras de arte estarán escritorios, burócratas, teléfonos, impresoras, computadoras y cientos de personas entrando y saliendo quizá para seguir matando otros espacios de arte y cultura.
Ésta, creo, es una afrenta al pueblo cruceño y boliviano, porque al no contar con un espacio y una gestión como la Manzana 1, el conjunto de toda la plaza 24 de Septiembre quedará ya mutilada, una de sus partes morirá, como también parte de la identidad cruceña.
La Brigada debe dar un paso hacia atrás y más bien optar por el camino inverso: entregar todo el edificio a Manzana 1 para que finalmente se consolide el mismo como otro de los importantes referentes culturales de Santa Cruz. Porque oficinas pueden conseguirlas en cualquier otro lugar. ¿Por qué este ensañamiento con los que generan orgullo, identidad y calidad de vida como son los artistas y las propuestas culturales? Lo de la Manzana 1 debe evitarse y revertirse porque ésta no es una situación aislada: está sucediendo en Tarija con el Teatro de la Casa de la Cultura, en Oruro con el Palais Concert.
Pienso que es hora de que los artistas, gestores, espacios y diversas iniciativas culturales salgan de la tradicional dispersión y bajo perfil frente a los abusos del poder político que continúa siendo sordo, ciego y mudo frente al invalorable aporte del arte y la cultura al desarrollo de Bolivia y a todo lo que implica cohesión social y democracia.
Manzana 1 como otras iniciativas similares no son sólo simples espacios culturales, son fuentes de vida comunitaria, de encuentro, de diálogo y convivencia a través del arte, donde la población crece con las visiones y propuestas de sus artistas, se fortalece con sus expresiones y manifestaciones.
El poder político no comprende que al matar un espacio artístico y cultural está matando una fuente de vida comunitaria que genera bienestar. El rol de estos funcionarios (Brigada o lo que se llame) debiera ser al revés: promover aún más todo lo que son iniciativas artísticas y culturales con recursos, infraestructura, equipamiento, fuentes de financiamiento y no seguir actuando como burro en una vidriera.